SEMBLANZA ALEXIS MONTILLA
PRONUNCIADA DURANTE EL ACTO DE CONFERIMIENTO DEL
DOCTORADO HONORIS CAUSA EN INNOVACIÓN Y EMPRENDIMIENTO
AULA MAGNA UNIVERSIDAD DE LOS ANDES
19 NOVIEMBRE 2014.


… Pero ¿cómo se le puede pedir a la vida que se vista de bonito para venir a vernos? Es uno el que tiene que vestirse de fuerza y alegría para recibirla, ella que venga como quiera...” Estas son las frases finales de la película Una vida y dos mandados, cuyo guión está inspirado en la vida de Alexis Montilla, merideño, chachopero, para ser más exactos, quien hoy se viste de fuerza y alegría para recibir a la vida, manifestada orgullosamente en el Doctorado Honoris Causa en Innovación y Emprendimiento, conferido por la Universidad de Los Andes, la primera de Venezuela según el ranking web de universidades 2014. Y para mí es un gran orgullo tener el privilegio de presentar en este histórico recinto y ante tan notable audiencia, la semblanza de mi padre, con quien he tenido la suerte de compartir las alegrías y los sinsabores que le han tocado vivir en el camino que habría de conducirle –sin haberlo imaginado jamás - hasta este paraninfo.
El 22 de mayo de 1944, en una modesta habitación de la casa que Mario Montilla y Ninfa Delgado tenían en el pueblo de Chachopo, nace el segundo hijo de este matrimonio, al que la providencia le daría tres más. Se mantiene la creencia en la familia –no verificada del todo- que al nuevo miembro lo bautizaron con el nombre de Romer, porque a través de la onda corta del único radio que había en el pueblo, en casa de su tío Paulino Lobo y en torno al cual se congregaba la familia todas las noches, se podían escuchar las noticias que desde Europa hacían referencia a un tal general alemán Rommel.
Romer Alexis no tuvo mayores oportunidades de formarse académicamente. Cursó estudios de primer y segundo grado en la escuela de Chachopo, en donde aprendió a leer y escribir con la maestra Emerenciana Araujo quien, al parecer, frecuentemente regañaba a Alexis por estar distraído haciendo casas con tierra negra mojada –como si fuera plastilina- y jugando con carritos hechos de palos y clavos. El castigo era leer un cuento del libro Primario. Y los domingos, a la misa, pero como monaguillo.
Su mayor alegría en esos tiempos, además de hacer casitas de tierra, era la llegada del gran día de ir a Cacute, adonde Papá Trino, no tanto por ver a su nono materno, sino porque era la única oportunidad que tenía de montarse en un carro. Tan solo dos o tres veces pudo disfrutar de aquella alegría ya que, gracias a las gestiones del primo Boanerges, quien era sacerdote, le fue otorgada una beca -dadas las condiciones económicas de la familia- para estudiar interno el 3er grado en el Colegio San Luis de Mérida. Allí, Alexis debía complementar la beca de 2 Bs. Mensuales, buscando naranjas para la merienda, ver de los animales del colegio y limpiando los baños, los dormitorios y la cocina. Ese año de educación salesiana moldearía de forma definitiva la personalidad de Alexis, tatuando en su alma los valores del trabajo, la honestidad, la perseverancia, pero sobre todo el valor del amor a la familia en esos años ausentes
Durante las vacaciones, volvió a Cacute, pero para enterarse que sus padres y el primo sacerdote habían decidido enviarlo a estudiar en el seminario Eudista Ker María, en La Grita, estado Táchira. Romer Alexis, sin habérsele preguntado, estaba estudiando para ser sacerdote. Allí cursó el 4to y 5to grado de primaria, entre misas, oraciones, cantos, granjas, huertos y actos culturales que, a sus 13 años, él mismo creaba: El saca muelas, El diablo en misa, El mago Camoyedo… Por alguna razón, los alumnos mayores, los padres y hasta el propio director del seminario, Elímenas Rojo –quien llegaría a ser Obispo de la Arquidiócesis de Calabozo- obedecían a las instrucciones del director de la obra. La obra El Mago Camoyedo sigue presentándose actualmente en La Montaña de los Sueños.
A pesar del entusiasmo que le producía dirigir los actos culturales, Alexis, sin más, decide abandonar el Seminario para regresar a Tabay y cursar el 6to y último grado de sus estudios formales en el Grupo Escolar estado Apure.
En 1959, en un país recién salido de la dictadura, en un ambiente rural, con 14 años de edad, el sexto grado aprobado y un espíritu emprendedor indetenible, Alexis comienza a procurarse la vida con lo único que en ese momento sabía hacer: actos culturales. Así, adapta las obras que había inventado en el seminario y las monta, primero en el patio de su casa para su familia, luego convenció a alguien para que le alquilara el solar de una casa en donde cobraba la entrada a un real. Se fue de pueblo en pueblo a presentar sus obras, con actores y actrices que él mismo buscaba y ensayaba. A comienzos de los años ´60, se fue a Caracas a vivir con su entrañable tío Efrén, a quien le ayudaba a hacer alpargatas que vendían en el mercado de Catia. Se las arregló para conseguir trabajo de lavaplatos en el Caracas Country Club, aunque les decía a las muchachas que osaba pretender, que era barman. Luego de dos años y un desencanto amoroso, emprende lo que pudiera considerarse su primera aventura: valiéndose de su sexto grado de primaria aprobado, convenció al padre de Araure y al propio gobernador de Portuguesa para que le dieran trabajo como maestro de escuela. Y así, con una maleta cargada con más ilusiones que ropas, se fue -como dice la canción- a descubrir y a fundar. Y fundó una escuela –a la cual, por cierto, le puso su nombre- en el caserío El Salto, a tres días en mula desde Araure, por caminos minados de guerrilleros de El Porteñazo.
Meses después regresa a Mérida a poner en práctica en el Hotel Prado Río, el oficio de lavaplatos que había aprendido en Caracas; empleo que consiguió gracias a que su papá, Mario, era jardinero en el hotel. Ambos se venían a pie, desde Tabay, todos los lunes para ahorrarse el dinero del pasaje. De lavaplatos pasó a ser mesonero, oficio que también desempeñó en varios restaurantes y discotecas de Mérida: La Casita de las Rosas, El Parisién, Don Efe y el Kontiki, entre otros.
En esa época conoció a María Moreno León, con quien contraería nupcias en 1963. De esta unión nacieron tres hijos varones. Gerardo Alexi, Edwin Leonardo y Romer Libardo.
A partir de allí, ya nada detendría su voluntad inquebrantable, su espíritu emprendedor, su creatividad sorprendente y su amor por las tradiciones y por su familia. Bien lo escribió la profesora Josefina Peña en el prólogo al libro de su propia autoría Alexis, la utopía sin límites: “… para él nada tiene fin, toda obra es mutable, inacabada, cambiante, perfectible y susceptible de ser ampliada y mejorada…” Así ha sido su vida.
Para ese mismo año, en un tarantín a las afueras del antiguo Mercado Principal de Mérida, a una cuadra de aquí, Alexis vendía portales para pesebres que él mismo hacía y musgo que él mismo recogía. Simultáneamente sacaba leña, raspaba fique, hacía cabuyas y las vendía en una pulpería en Cacute. Desde entonces, una de sus mayores virtudes ha sido el valor del ahorro. Alexis en esa época lo único que soñaba era comprarse un carro y en diciembre de 1963 hizo realidad su sueño.
Pero su espíritu inquieto le llevaba una y otra vez a emprender nuevos oficios: colector de autobús, camionero cargando arena, taxista haciendo viajes a Cúcuta, comerciante comprando y vendiendo carros y hasta empresario del espectáculo, organizando la primera feria de San Antonio de Padua en Tabay, para lo cual se asoció con el dueño de un circo que se llamaba Chalupín. Nombre que hoy lleva el circo que funciona en La Montaña de los sueños.
Estableció junto a María Moreno, su primera esposa, una arepera y una venta de artesanía, primero en Tabay y luego en Mérida, y en su empeño por rescatar y promover las tradiciones de su tierra y sus antepasados y a la edad de 20 años, funda un restaurante -que aún existe- a las afueras de la ciudad de Mérida, El Caney, cuyo principal atractivo era la pesca de la trucha. A mediados de la década del ´70 y hasta bien entrados los años 80, coordina y organiza, ad honorem, los desfiles de la Feria del Sol.
En 1977 funda otro restaurante en Mérida al que bautiza con el nombre de Los Tejados de Chachopo, en homenaje a su pueblo natal. Sin embargo, será en 1984, con la creación y fundación del Pueblo Museo Los Aleros, cuando Alexis toma cierta notoriedad nacional. Tal vez uno de los mayores méritos de este merideño haya sido rescatar del olvido la ancestral técnica de construcción de paredes de tapia, levantando de la nada todo un pueblo, evocando el que lo vio nacer y que con el transcurso de los años se convirtió en el primer pueblo museo de Venezuela.
Más tarde, Romer Alexis contrae segundas nupcias con Elba Teresa Pérez. De esta unión nacerán cuatro hijos, tres hembras: Romery Evandany, Sixela Teresa y Elba Alexandra, y un varón, Yordani Alexis. Por esos años restauró una antigua casona en Escagüey y allí estableció junto a Elba Teresa, la posada El aposento del Baquiano.
En 1988 es nombrado Director de Turismo del Estado Mérida, cargo que desempeña durante un año. Para entonces, ya Alexis sentía que Los Aleros no había mostrado suficientemente la inquietud que llevaba por dentro y decide, así, de pronto, comenzar a construir en un terreno en El Salado Alto del municipio Campo Elías, un trapiche, una casona, un castillo de piedras, unas casas de bahareque, otras de tapias hasta que, en 1991 y luego de tres años de construcción y con la notable presencia del presidente de la República, funda el parque turístico La Venezuela de Antier, que representa, ya no un pueblo, sino todo un país enmarcado en los años ´20 del siglo pasado.
El 22 de mayo de 1994, el día de su 50 cumpleaños, coloca junto a sus hijos, nietos, sobrinos, colaboradores y amigos, la primera piedra de su nueva obra: La Montaña de los Sueños. En Octubre del siguiente año comienza la producción del largometraje Una Vida y dos Mandados, primera película venezolana en la Competición Oficial de uno de los cinco festivales clase A del mundo. En 1997 este film fue postulado por Venezuela a los premios Oscar de la Academia.
En agosto de 2002, luego de ocho años de construcción, inaugura junto a su familia y con la presencia del Obispo de Calabozo, Elímenas Rojo, quien había sido maestro de Alexis en el Seminario Ker María, el parque La Montaña de los Sueños. En 2012, inaugura con la presencia del gobernador del estado, su nueva creación: el parque agroturísitco Yaracuy y actualmente, a sus 70 años y con el espíritu y energía como si tuviera 30, dirige la construcción de dos nuevas obras: la representación del estado Carabobo y una réplica del Salto Angel, ambos en la Venezuela de antier.
Han sido muchas las distinciones, premios, reconocimientos y homenajes recibidos por este chachopero a lo largo de toda su vida, algunos de ellos han sido:
-Orden “Ciudad de Mérida” en su Segunda Clase. Gobernación del estado. 1984
-Orden al Mérito en el Trabajo. Ministerio de Justicia. Caracas. 1988
-Empresario del año. Fedecámaras. Caracas. 1990
- Botón al Mérito. Comisión de Turismo de la Cámara del Senado. Congreso de Venezuela. Caracas. 1990
-Orden “Francisco de Miranda” en su Segunda Clase. Presidencia de la República. Caracas. 1991
- Botón Dorado al Mérito Turístico. Corporación Merideña de Turismo 1993
-Orden “Don Tulio Febres Cordero” en su Primera Clase. Asamblea Legislativa del estado Mérida. 1994
-Orden “Ciudad de Bejuma”. 1994
- Ciudadano Meritorio. Concejo Municipal del municipio Libertador, Mérida. 2003
- Orden “16 de Septiembre”. Consejo Legislativo del estado Mérida. 2013.

Sin embargo, confiesa siempre que su mayor reconocimiento ha sido el aprecio recibido de cada venezolano que ha visitado sus obras.
Quisiera cerrar esta semblanza citando hermosas frases escritas por el poeta Adelis León Guevara en el prólogo al libro Alexis, la utopía sin límites de la profesora Josefina Peña. Cito: “… Las “ciudades” de Alexis Montilla son eso: un sueño hacia la esperanza que él, desde niño, evocó en la nostalgia de un presente que se le iba de las manos y para que no sucediera, él lo aprisiona en sus pueblos imaginarios para no salirse nunca más de ellos…” “… Alexis Montilla pertenece a esa especie de hombres que no esperan el empujón de otros para que les abran el camino, sino que, como el poeta Antonio Machado, lo hacen todos los días al andar, dejando su impronta para que en ella se calcen quienes deseen el éxito, nada fácil, por cierto, cuando observamos que el camino está lleno de guijarros…
Y continúa el autor del prólogo de Alexis, la utopía sin límites:
“… Pero lo que más me gratificó (…) fue la pasión con que Alexis Montilla asumió su papel de arquitecto autodidacta, así como la idolatría que este hombre siente por sus gentes, al extremo de que en cada esquina del pueblo, en cada rincón de las casas y en cada gesto de sus “habitantes” encontramos un vestigio, una huella o una señal de lo que fue su infancia y de las cosas que él había dejado por la gracia del tiempo…” Fin de la cita.

Gerardo Montilla Moreno